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Lento pero seguro

Literatura: Fábulas
La tortuga y la liebre

La liebre se reía de la tortuga reprochándole su lentitud.
- Apuesto a que llego antes que tú a aquel árbol del lindero, dijo la tortuga.
- ¡Una tortuga retando a una liebre!, replicó la otra. Antes de desafiarme de una manera tan necia, tendrías que pensar que yo puedo recorrer en cuatro saltos un espacio que para ti supondría cuatro semanas.
- Es igual, respondió la tortuga. Y se puso en marcha sin perder un instante.
La liebre, segura de su rapidez, la dejó tomar ventaja mientras se entretenía mordisqueando en la hierba, segura de recuperar el tiempo que perdía.
La tortuga seguía avanzando y cuando vio que su rival estaba ya a dos dedos de la meta, se lanzó a la carrera como un relámpago.
Pero todo fue inútil.
Por más que se esforzó, la tortuga llegó antes.
Y perdió la apuesta.

Moraleja: Si quieres triunfar, no te descuides, empieza a esforzarte ahora mismo.

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Unidos es mejor

Literatura: Fábulas
Fábula de la liebre y la tortuga
(versión actualizada)

¿Recuerda la fábula original?
Una tortuga y una liebre siempre discutían sobre quién era más rápida. Para dirimir el argumento, decidieron correr una carrera. Eligieron una ruta y comenzaron la competencia. La liebre arrancó a toda velocidad y corrió enérgicamente durante algún tiempo. Luego, al ver que llevaba mucha ventaja, decidió sentarse bajo un árbol para descansar un rato, recuperar fuerzas y luego continuar su marcha. Pero pronto se durmió. La tortuga, que andaba con paso lento, la alcanzó, la superó y terminó primera, declarándose vencedora indiscutible.

Moraleja: Los lentos y estables ganan la carrera.


Pero la historia no termina aquí: la liebre, decepcionada tras haber perdido, hizo un examen de conciencia y reconoció sus errores. Descubrió que había perdido la carrera por ser presumida y descuidada. Si no hubiera dado tantas cosas por supuestas, nunca la hubiesen vencido. Entonces, desafió a la tortuga a una nueva competencia. Esta vez, la liebre corrió de principio a fin y su triunfo fue evidente.

Moraleja: Los rápidos y tenaces vencen a los lentos y estables.


Pero la historia tampoco termina aquí: Tras ser derrotada, la tortuga reflexionó detenidamente y llegó a la conclusión de que no había forma de ganarle a la liebre en velocidad. Como estaba planteada la carrera, ella siempre perdería. Por eso, desafió nuevamente a la liebre, pero propuso correr sobre una ruta ligeramente diferente. La liebre aceptó y corrió a toda velocidad, hasta que se encontró en su camino con un ancho río. Mientras la liebre, que no sabía nadar, se preguntaba “¿qué hago ahora?”, la tortuga nadó hasta la otra orilla, continuó a su paso y terminó en primer lugar.

Moraleja: Quienes identifican su ventaja competitiva (saber nadar) y cambian el entorno para aprovecharla, llegan primeros.


Pero la historia tampoco termina aquí: el tiempo pasó, y tanto compartieron la liebre y la tortuga, que terminaron haciéndose buenas amigas. Ambas reconocieron que eran buenas competidoras y decidieron repetir la última carrera, pero esta vez corriendo en equipo. En la primera parte, la liebre cargó a la tortuga hasta llegar al río. Allí, la tortuga atravesó el río con la liebre sobre su caparazón y, sobre la orilla de enfrente, la liebre cargó nuevamente a la tortuga hasta la meta. Como alcanzaron la línea de llegada en un tiempo récord, sintieron una mayor satisfacción que aquella que habían experimentado en sus logros individuales.

Moraleja: Es bueno ser individualmente brillante y tener fuertes capacidades personales. Pero, a menos que seamos capaces de trabajar con otras personas y potenciar recíprocamente las habilidades de cada uno, no seremos completamente efectivos. Siempre existirán situaciones para las cuales no estamos preparados y que otras personas pueden enfrentar mejor.

La liebre y la tortuga también aprendieron otra lección vital: cuando dejamos de competir contra un rival y comenzamos a competir contra una situación, complementamos capacidades, compensamos defectos, potenciamos nuestros recursos… y obtenemos mejores resultados!
 
Fuente: http://www.sht.com.ar/archivo/pensar/liebre.htm

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Aduladores

Literatura: Fábulas
El zorro y el cuervo

Un cuervo sostenía un queso en el pico, en lo alto de una rama.
Un zorro que pasaba por allí, se dirigió al cuervo diciéndole:
- ¿Qué veo?, -le dijo con aire sorprendido-, me habían dicho que vuestras plumas eran negras, pero veo ahora que ni las de un cisne son más blancas. Por favor, señor cuervo, permitidme que os contemple a mis anchas. Os encuentro tan hermoso que no me canso de admiraros.
Y añadió:
- Estoy convencido de que la belleza no es vuestra única perfección. La naturaleza, que se ha complacido en haceros la más hermosa de las aves, seguro que también os ha dado una voz divina.
El cuervo, encantado ante aquellos elogios, quiso demostrarle al zorro que no se engañaba, y abrió el pico para cantar.
Pero, al hacerlo, se le cayó el queso y el zorro, cogiéndolo, se fue y dejó al cuervo con las ganas.

Moraleja: No te dejes engañar por los aduladores.

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Por no compartir

Literatura: Fábulas
El leon, el oso y la zorra

Habiendo encontrado un león y un oso al mismo tiempo a un cervatillo, se enfrentaron a ver cual de los dos se quedaba con la presa.
Una zorra que por allí pasaba, viéndolos extenuados por la lucha y con el cervatillo al medio, se apoderó de éste y corrió pasando tranquilamente entre ellos.
Y tanto el oso como el león, agotados y sin fuerzas para levantarse, murmuraron:
- ¡Desdichados nosotros! ¡Tanto esfuerzo y tanta lucha hicimos para que todo quedara para la zorra!

Moraleja: Por empeñarnos en no querer compartir, podemos perderlo todo.

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Traidores

Literatura: Fábulas
El escorpión y la rana

Un escorpión estaba en un islote y el río estaba creciendo.
Para no morir ahogado debía ir a tierra firme, pero no sabía nadar.
De pronto ve a una rana que se dispone a cruzar, y le dice:
- ¡Sálvame, ranita, sálvame…!
- No puedo, eres peligroso.
- No ahora, ranita, necesito que me lleves sobre tus espaldas hasta la otra orilla.
- Tengo miedo de tu aguijón.
- No voy a hacerte daño, porque si te picara, moriríamos los dos.
Le pareció razonable a la rana y aceptó. Cargó al escorpión sobre sus espaldas y comenzó a nadar.
De pronto vio que el aguijón se movía y asustada dijo:
- ¿Qué hacés?
- Nada, nada, no me di cuenta –respondió el escorpión-.
Siguió nadando y se repitió la actitud…
Cuando casi estaban llegando a la orilla, el escorpión clavó su aguijón.
Mientras ambos se hundían, la rana dijo:
- ¿Por qué lo hiciste? Ahora moriremos los dos.
Y el escorpión replicó:
- ¡No pude con mi instinto!

Moraleja:  De nada sirve obrar bien con quienes, por su naturaleza, sólo pueden devolverte el mal.

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